viernes, 24 de noviembre de 2006

¡Son mis patas…!




Carmen Zavaleta

Sobre Cicatrices


¡Las que me están moviendo!… Anoche, durante la función de Cicatrices, el trabajo dirigido por Janet Pinela y representante de Colima, esta frase (escuchada en una de las entrevistas en video que integraban el espectáculo), me despertó: el relato de las ruinas que dejó el terremoto de 2003 en Colima, era un buen intento, que se desdibujó.

Y la cosa era extraña: porque al inicio, la presencia de Tere Rábago (con el gusto que me implicó volver a verla sobre al escena), la arriesgada propuesta de la dirección con las imágenes, el complicado y efectivo trabajo técnico, las proyecciones: prometían un viaje interior, una despedida y la soledad como algo entrañable.

Pero no sucedió en su totalidad.

A mi modo de ver las dramatizaciones de eventos tan devastadores como los terremotos, deben ser capaces de sintetizar la destrucción que se origina: la física, la emocional, la social. Ya una vez un terremoto me enseñó (como a millones de mexicanos), que después de que se mueve la tierra, lo jodido es reconocer las carencias económicas y la falta de interés políticos.

Lo verdaderamente entrañable es la actitud humana.

Lo endiabladamente difícil es llevarla a escena.

En Cicatrices, el trabajo estaba a la vista, con este sabor de equipo escénico comprometido y que apuesta por transformar los momentos de crisis en un evento creativo, cuidando de no caer en la inmediatez (por lo reciente del evento); sin embargo, el movimiento no fue suficiente.

Propuesta de reforma

Para el fortalecimiento de la identidad de la comunidad teatral en los estados

Myrna Vargas

A partir de las inquietudes expresadas de diversas formas en relación a la participación de los creadores de Hidalgo en la Muestra, y de mi propia reflexión al respecto, me surgió una propuesta de “reforma” que pudiera encausar estas inquietudes. Sé que así como se está dando esta situación ahora, es frecuente que ocurra siempre.

Si bien la Muestra Alterna ha sido una afortunada opción para difundir el trabajo de los creadores del estado sede y otros invitados, me parece que el ser sede de la Muestra Nacional de Teatro es una oportunidad para que se conozca el de la entidad, no sólo a través de sus puestas en escena seleccionadas en la Muestra Grande y en la Alterna, sino a través de un espacio de tipo Foro, en el que el estado se presente con otra profundidad analítica ante la Muestra.

Sería interesante que la comunidad teatral de los estados sede prepare ponencias y materiales, de manera previa a la Muestra. Estos materiales serían expuestos en un foro en que investigadores, directores, dramaturgos y actores hablaran de su trabajo y del trabajo del estado de voz viva, desde una perspectiva amplia, histórica, estética y sociológica, para poder superar el estadio de dimes y diretes, de calificativos y análisis autoreferenciales.

Ésta, considero, sería una chamba interdisciplinaria muy enriquecedora tanto para la comunidad estatal como para la Muestra Nacional, ya que de esta forma, el estado se reconoce y se “explica” a sí mismo pensando en posibles soluciones y rumbos de su quehacer; mientras que los invitados, al escuchar, puedan enterarse, aportar, retroalimentar y, por qué no, aprender de esto.

Creo que ya que la Muestra es itinerante, sería muy enriquecedor y fortalecedor de la identidad, que el estado anfitrión tenga esta responsabilidad y privilegio a la vez. Puede ser una oportunidad para profundizar en esta intención de descentralización que tanto nos preocupa y que por momentos se desdibuja o transforma en una especie de doctrina Monroe para el Centro (descentralización para que los del Centro tengamos chamba en los Estados, pero no para propiciar el desarrollo de los mismos). Aclaro que no quiero decir que este sea el caso de esta Muestra pero sucede a menudo.

Aunado a esto, y en la misma intención de fortalecimiento de la identidad, propongo que sólo en el caso del estado sede, se retome el formato de Muestra estatal con público, para la selección de los participantes de la Muestra Alterna y que ésta, en su momento, tenga la atención de los medios nacionales.

Por fortuna, en esta emisión, Hidalgo propuso una Muestra Retrospectiva de su quehacer que aunque breve, es un avance en la intención.

Ojalá la comisión de la Muestra pueda considerar esta propuesta concreta, la cual a la vez que fortalece nuestro sentido de identidad como federación con mayor profundidad, elevando el nivel de discusión.

myrnavar@hotmail.com

Radio pasillo

* Una de las grandes discusiones pendientes es el asunto de la necesidad de los actores de diversificar su trabajo. El ideal de -casi todos- es vivir absolutamente del teatro, pero en el camino surgen opciones como ser maestros de voz, de talleres para niños y adolescentes, promotores, críticos, técnicos y hasta funcionarios. ¿Se responde genuinamente al interés por conocer y desarrollar otras áreas o es la puritita necesidad de sobrevivir chambeando?, y más allá ¿qué clase de ética se aplica en estos casos?


* Dicen que el silencio mata o ¿es mera indiferencia?

* Si alguien ve por ahí al Licenciado Ángeles, dígale por favor, de parte de los técnicos del San Francisco, ganadores del torneo Lo que quedó de mi juventud, que no se haga pato con el trofeo, que esperan noticias suyas.

* Que el Diario de la Muestra está muy verde. Agarremos la onda que el Diario es como Pancho López: tiene que nacer, crecer, reproducirse y morir en una semana… ¡Y ser maduro desde el principio! ¿Quién avienta la primera piedra?

Triple Suicidio

Eduardo Vázquez Martín

Sobre Doble suicidio

Adaptada, producida, dirigida, iluminada, musicalizada por Abraham Oceransky, Doble suidicio creó unas expectativas que desgraciadamente no cumplió. El amor y el compromiso con el teatro de Oceransky está fuera de toda discusión: su interés por penetrar el alma cultural de oriente es mayor que el del propio José Juan Tablada, Salvador Elizondo u Octavio Paz. Se trata de una propuesta estética que va desde la creación de paisajes escénicos hasta la meticulosa selección de cada uno de los quimonos, de la investigación musical y el uso riguroso pero creativo de los instrumentos tradicionales al cuidado del maquillaje y la iluminación. Todos estos elementos nos permiten acceder a un mundo donde la belleza manda, donde la estética es la ética, y donde la pasión no es un caballo sin rienda sino la servidumbre estoica del corazón sobre la razón.

Doble suicidio adapta para la escena Los amantes suicidas de Amijima (1720), la obra más importante del dramaturgo Chikamatsu Monzaemon, considerado el “Shakespeare japonés”, la cual fue escrita originalmente para teatro de muñecos Bunraku y luego para teatro Kabuki. Como el propio Oceransky explicó a modo prolegómeno a su obra, estamos ante una “Romeo y Julieta más adulta y sincera, por ello me atrevo a reinterpretarla para nuestro mundo occidental con algunos toques de animé y de manga contemporáneos, empleando música en vivo con instrumentos clásicos de Japón como el shamisen.”

Sin embargo, el trabajo de más de dos meses sobre los actores no resultó efectivo: Koharu (Liliana Hernández) y Digei (Claudio Emilio Meléndez), los protagonistas centrales de la tragedia, jamás logran encarnar el drama que les impone su destino; el lazo emocional que les impide separar sus existencias y los lanza a la muerte no logra ser encarnado, siguen el guión con precisión pero sin pasión, de modo que la tragedia se desmorona hasta hacerse injustificable. Susana Saldaña Argáez (narradora principal) sostiene la obra, la propia esposa de Digei levanta la intensidad del drama (Como el la novela La seda de Alessandro Baricco, es capaz de amar la pasión de su propio marido adúltero), pero la incapacidad interpretativa de los amantes termina haciendo injustificable el suicidio.

Finalmente Oceransky se regodea en una escena final, la del suicidio, cuya inverosimilitud no sólo puso en riesgo la representación de la tragedia sino que provocó la risa del público; la tragedia devino en farsa, la incontinencia y la autocomplacencia terminaron en el suicidio de la dirección.

Exposición Retrospectiva del Teatro en Hidalgo

Durante el proceso de investigación y recopilación para realizar la Exposición Retrospectiva del Teatro en Hidalgo, se recibieron programas de mano, fotografías, placas, reconocimientos, cuadernos de trabajo, bitácoras, documentos históricos, vestuarios y títeres. Cada uno de ellos dio cuenta del trabajo que durante décadas se ha realizado en el Estado. Aquí imágenes que – a pesar de no encontrarse en la exposición- son un testimonio de nuestro quehacer escénico.

004. Planta técnica del Teatro Romo de Vivar

Colección: Alejandro Patiño

007. La rana encantada, 1999

Autor: Lourdes Miramontes y Jorge Vega

Director: Jorge Vega

Colección: Grupo Ars – vita

Cuautepec

019. Los sueños de Cristobalillo, 1992

Autor y director: Alonso “Coco” Barraza

Colección: Jorge Vega

020. El sueño del ángel, 1995

Autor: Carlos Solórzano

Director: Jorge Vega

Colección: Grupo Arts – vita

Cuautepec

036. Fuenteovejuna

Ca 1983

Autor: Lope de Vega

Director: Arturo Romero

Teatro Estudio

Colección: Leticia Farfán

054. Elenco de Heil, El pequeño Malcolm y su lucha contra los eunucos

Ca 1983

En la foto Leticia Farfán, Arturo Romero, Anuar Jottar Magdaleno, Jesús Cuevas y Raúl Garduño.

Colección: Jesús Cuevas

Hagamos un tambor con tu piel





Fernando de Ita


Sobre Doble suicidio


Es fácil tomar a burla el tremendo respeto que tiene Abraham Oceransky por la cultura oriental, pero antes de hacerlo hay que considerar que este singular creador de nuestro teatro no es un advenedizo en la materia. De hecho, el viento del lejano oriente sopla en la obra del maestro desde sus primeros trabajos para la escena. Cuando nadie tomaba como modelo de movimiento la mecánica corporal de los samurais, Oceransky la utilizaba para marcar su raya en el escenario, en obras memorables como Simio y Acto de amor.

La occidentalización de Doble suicidio, la obra emblemática de Chikamatsu Monzaemon, dramaturgo japonés del siglo XVIII, es la cima de una fascinación compartida por Abraham con grandes figuras del teatro europeo como Antonine Artaud y Jerzy Grotowski. Ahora sabemos que Artaud confundió los principios del teatro balines, y que esa confusión enriqueció notablemente la ética y la estética del teatro europeo.

En esta ocasión, el fundador del Teatro Studio T, con sede en Xalapa, no utiliza, como en otras obras, la influencia del teatro oriental para definir la forma de su puesta en escena, sino que apuesta de plano por la mimesis del Kabuki y el Banraku para reinterpretar, como él dice, la tragedia de dos amantes que, a la manera de Romeo y Julieta, son condenados al suicidio por las costumbres dominantes.

A Monzaemon se le considera el Shakespeare japonés, y sus obras son representadas con veneración por todo lo que le dicen a sus coterráneos. Hasta un mero aficionado como yo al teatro oriental sabe que los textos de ese teatro no se expresan solamente en palabras sino que la intención verbal es completada por los gestos y movimientos de los actores. En otras palabras, hay códigos formales, posturas ancestrales, gestos específicos, movimientos precisos que conforman el alfabeto del teatro oriental. Se puede, entonces, contar la historia de Koharu y Digei a la manera occidental, esto es, textualmente, pero es prácticamente imposible narrarla culturalmente porque nuestros actores y nuestro público no tienen los referentes necesarios.

Por ello, es difícil apreciar el enorme trabajo del director y los intérpretes para colocarse en la postura física y mental que exige esa manera de contar el mundo. Se ve que hay una disciplina samurai en todos los actores que participan en esta traslación de la tragedia nipona, pero el resultado siempre será limitado porque un actor de Kabuki no requiere 8 meses sino 8 años para llegar a escena.

En estas condiciones, el desmesurado intento de Oceranski por apropiarse de otra tradición no tiene la recepción que merece, y yo no culparía al público por no entrar a la convención que le proponen, simplemente porque le es ajena, y al no tener todo el poder de la tradición a la que imita, lo deja fuera.

Antes de teatrero, Abraham fue músico, y aquí está en escena tocando una versión del Shamisen. Él nos dijo que este instrumento es muy apreciado en el Japón por los sutiles sonidos que provoca, pero en sus manos sonaba, por momentos, como guitarra de rock. Acaso aquí este el resumen de su intento.

Yerma


Con diversos recursos escenográficos, la ambientación de Yerma invitó a los espectadores a subir con el elenco al viaje.


Heda Gabler


Anoche en el Teatro San Francisco se presentó Lisa Owen, con el grupo Producciones de Alcoba. En el papel de Heda Gabler, de la obra del mismo nombre, esta mujer se debate entre dos realidades: un mundo idóneo lleno de belleza y de acciones sublimes; y una realidad burguesa y mediocre.

Fotografía escénica: un arte que representa otro


Fotografía escénica:

un arte que representa otro

Roberto Perea

El teatro es en esencia un acto efímero que desaparece después de cada representación y que perdura fundamentalmente el la memoria de los espectadores que tuvieron el privilegio o la desgracia, según sea el caso, de presenciar el hecho escénico.

En este sentido la fotografía viene a ser un instrumento importante para ofrecer un reflejo de lo que fue una puesta en escena. Tal es el caso de las 50 fotografías de formato espectacular (3m x 2m), colgadas a manera de pendones en diferentes espacios públicos de Pachuca, que buscan atrapar al espectador e invitarlo a asistir a las actividades de la XXVII Muestra Nacional de Teatro (MNT).

Se trata de imágenes que reflejan lo que ha sido la MNT a lo largo de sus XXVII ediciones, no sólo como un registro documental sino a través de imágenes de gran belleza estética realizadas por cuatro fotógrafos que han sido testigos presenciales en numerosas muestras de teatro y que son reconocidos nacionalmente como los hacedores del acervo documental fotográfico del teatro mexicano: José Jorge Carreón, Fernando Moguel, Enrique Gorostieta y Marco Reyes.

“La fotografía –afirma Fernando Moguel- es importante porque convierte un arte efímero en algo perdurable, una forma de reconocer a través del tiempo la plasticidad de un montaje. Porque nuestro trabajo no es sólo hacer un registro sino tratar de captar la estética y la esencia de una obra para que el resultado fotográfico sea también un arte.”

“Desafortunadamente –considera Enrique Gorostieta- así como el teatro se queja de la falta de atención del aparato cultural, sea de gobierno o privado, el mismo teatro se desentiende del registro de su actividad. Los grupos, las instituciones, no le dan la debida importancia a ese registro, por eso es necesario que las iniciativas de acervo sean integrales y no sólo para algunas artes y que se invierta en trabajos de calidad, porque a veces hay iniciativas que son desaprovechadas por la falta de criterio para evaluar la calidad del material que se desea obtener.

“Ojalá este tipo de iniciativas como el de la MNT, que presentan trabajos de calidad, hagan ver que vale la pena invertir en un buen registro documental, más allá de las fotos que toma la prima o la tía que asistió a la función”, agrega el fotógrafo regiomontano.

José Jorge Carreón afirma que el común denominador en el criterio de quien necesita o simplemente gusta de una foto es muy superficial. “Hasta ahí estoy de acuerdo en que le den importancia a nuestro trabajo como registro documental, pero me gusta pensar que nosotros lo hacemos como un proceso personal y en este sentido lo considero una creación.

“No todo mundo lo entiende así ni lo necesita así. Pero en todo caso –añade Carreón- es una necesidad propia de interpretación o reinterpretación de otra manifestación artística, entonces lo nuestra se convierte en un híbrido, una arte que representa a otro”.

Al igual que el teatro, la fotografía no es entendida exactamente de igual manera por todo el mundo, hay quien la ve y quien no, a veces es reconocida o no por los propios creadores. Pero sus autores se dan por satisfechos si una imagen provocó algo en un espectador para despertar su interés por acercarse al hecho escénico.

En el ámbito de la MNT nuestros fotógrafos son reconocidos con calidez como cualquier hacedor de teatro, sea actor, director o dramaturgo, como una parte importante del proceso teatral en su conjunto, aunque desafortunadamente esto no sucede en otras esferas.

Sería difícil imaginar una publicación teatral como Paso de Gato o las ediciones de El Milagro o Escenología, por mencionar algunas, sin una imagen producida por estos artistas de la lente que sustentan lo que la palabra pueda decir acerca del fenómeno escénico.

Fotografías de Enrique Gorostieta

El trabajo que no se ve: el de tramoya



Editorial

Aida Suárez Chávez

Definitivamente el esfuerzo teatral, de cada puesta en escena, se ve compensado con el trabajo que realizan técnicos, tramoyistas, iluminadores, sonidistas y realizadores.

Todo el equipo especializado del Instituto Nacional de Bellas Artes ha acudido a Hidalgo para desplegar sus conocimientos, experiencia y herramientas para el montaje de las obras en los distintos escenarios, lo cual lo hace complejo y completo. Fortalece al equipo de técnicos del estado.

La labor es inusitada en Hidalgo, nunca antes se habían montado tantas obras en sólo nueve días. Treinta y un puestas en escena han requerido de movimientos precisos tanto en Pachuca como en diez municipios más.

“Somos parte de la fiesta” ha dicho el equipo al mencionar que trabajan entre 16 y 18 horas diarias en la instalación y retiro de escenografías incluso de un día para el otro.

Cada equipo, el de casa y el del INBA dice ponerse la camiseta en cada una de las obras para asegurarse de que se cumplen con todos los requisitos de la producción, bajo la coordinación de cada una de las compañías.

Sin duda, durante esta XXVII Muestra Nacional de Teatro se ha presentado lo más innovador y contemporáneo, a pesar de que el género sea costumbrista o no.

Incluso los mismos técnicos han dicho que las instalaciones los ponen a prueba, a pesar de ello, la disposición no cesa y se unen al reto, a la enseñanza.

Julio Oviedo, jefe de Foro del teatro San Francisco, en Pachuca, consideró que con un equipo de siete personas más, realizan el trabajo, incluso desde la víspera de la Muestra, con el fin de dejar los foros listos para recibir los nuevos materiales que se han podido ver en escena.

Alejandro Patiño, coordinador técnico del teatro Hidalgo Bartolomé de Medina habló del importante apoyo del personal del Inba, que es el más especializado en el país, incluso el que ha acudido a los principales festivales.

Los dos equipos de Hidalgo, que dependen del Consejo estatal para la cultura y las artes, dijeron que lo mejor es vivir la experiencia de la Muestra ya que es aquí donde se han presentado las tendencias del teatro.

A la instalación de cada escenografía, se suma la cábala de la comunidad teatral. Aunque cada compañía sigue la suya, los técnicos muestran el respeto correspondiente y responden favorablemente. Sin embargo, ellos mismos no tienen un ritual o superstición qué seguir.

De leyendas sí hablan. De los escenarios en donde se aparecen fantasmas pero la única vez que asustan, dijo Oviedo “es cuando no pagan”.

De supersticiones sí hay mucho qué contar, de entre la intervención de actores y actrices: el que cuando va a entrar al escenario retrocede tres pasos; del que pide que se limpie por completo el escenario, el que pide que no se limpie, el que pide flores o bien, quien deposita dulces en todo el escenario para brindarle a los duendes.

De todo se podría escribir.

Técnicos, tramoyistas, sonidistas, iluminadores y realizadores tienen en esta MNT la posibilidad de integrarse a la fiesta. Aquí el reconocimiento de la comunidad teatral.

Taller Fundamentos básicos. Reflexiones




Jacinto Lagunas Cruz

El Teatro es uno de los herederos directos de la convocación del aquí y ahora. Sólo que en términos generales, se ha convertido en una especie de depositario disfrazado.

Con esta idea nos recibió el maestro Nicolás Núñez el sábado 19 de noviembre, a los participantes de su taller. Nos ha planteado la oportunidad de atravesar tres umbrales de conocimiento interno. El primero de ellos: conócete a ti mismo. En él, hemos reflexionado ¿quién soy yo? Hemos respondido en diversa forma, desde el nombre y la edad; pasando por nuestras pretensiones y anhelos; hasta llegar a confesar relaciones incestuosas o iluminaciones místicas.

Yo soy yo, más mis circunstancias. Llegados a estas divagaciones nos hacemos la pregunta en tercera persona ¿quien es Jacinto?, ¿el actor de reparto en el programa nacional de teatro escolar?, ¿el padre de una Beatriz, niña de 9 años? Podría responder que él es eso y más. La labor de definir a esta persona, a este hombre que habita mi cuerpo, es extenuante.

La pregunta podría tener infinitas respuestas y resulta que no se puede responder. Ahora viene a mi memoria la réplica de mi hermana Isabel: “no te conozcas a ti mismo, te ahorrarás muchas decepciones”. El primer umbral me ha iluminado, y cegado, el sendero del conocimiento es arduo, interminable. No se puede conocer en su totalidad el ser, al intentar saber como esta constituido el objeto lo modificamos con el instrumento de nuestro escrutinio.

El maestro Nicolás nos hablaba sobre los actores “plomo” que se resisten a comunicar la totalidad del mensaje teatral, a diferencia de los actores “oro” que comunican con fineza integral. Una de las finalidades del curso es reconocer nuestro estado como actores, ¿Qué tanto estoy comunicando? ¿A quién va dirigido lo que quiero comunicar? ¿Cómo me preparo para comunicar? Dentro de una serie de cuestionamientos introspectivos sobre el ser debemos consultar nuestra propia esencia, indagar nuestro origen remoto y nuestras circunstancias inmediatas; apropiarnos de nuestro proceso cognitivo.

A través de ejercicios de circulación energética recobramos el vínculo que nos une con la inmensidad. Abandonamos el Yo cotidiano para recuperar el Gran yo infinito: inconmensurable. ¿Qué significa todo esto? ¿Es el inicio de una nueva secta escénica? Lo cierto es que hemos sido convocados para conspirar, es decir respirar con el otro, el que hace posible reconocerme como ente único, el que colabora en mi conocimiento de mí mismo; ese otro que forma parte de la antigua nación del teatro, ese paisano desterrado también que tramita su pasaporte de recién venido.

En la cuna del fútbol, teatreros mostraron lo que quedó de su juventud

¡Hay les va la VARA! el Campeón





El botón limi, el segundo lugar con su goleador Luis Mario Moncada

Raúl Guerrero Bustamante

La mañana era fría, el cielo no había dejado de cubrirse de nubes como en el día anterior; el inmueble vetusto, aquel estadio Revolución Mexicana de Pachuca, ciudad cuna del fútbol mexicano, abría sus puertas a jugadores de una categoría sui géneris: los teatreros, a quienes no se les veía en buen estado; los estragos de la noche anterior deben haber sido fulminates, la nicotina los hacia toser, las piernas flacas a muchos les tiritaban de frío; sin embargo, ahí estaban, eran los pocos valientes que habían podido despegarse las cobijas para jugar este gran torneo relámpago de fútbol; “pus que putos”, respondieron a mi pregunta acerca de aquellos que no vinieron a jugar.

Se organizaron los equipos, el primero de ellos fue uno llamado Dulces compañías, el cual vestía casacas rojas, fue conformado por Roberto Sosa, Roberto Perea, Nahum Torres, Carlos Nophal, Hugo “Paso de Gato”, Juan Velasco, Luis Marín, Roberto “El Milagro” Juárez y Hugo Corripio. Este temible equipo se enfrentaría a El botón limi (SIC), equipo capitaneado por Carlos Aragón e integrado por Ricardo Ezquerra, Matías Gorlero, Diana la rancherísima (sí, toda una dama del campo), Luís Moncada (su más valioso goleador), Ángel Enciso, Leonardo Ortiz Gris, Yurief Nieves y Luís Nevares.

El partido fue reñido, además de reñir entre ellos, los actores-jugadores, reñían contra el viento gélido; como jugadores resultaron ser mejores que los del América, quienes suelen ser buenos actores a la hora de buscar la falta. Este partido se resolvió en un marcador de 7-5, a favor de El botón limi, Luis Mario Moncada fue el autor de la mayoría de los goles triunfales.

El siguiente partido, más que emoción, prometía diversión; un equipo llamado Llanos vamos (SIC), no se lograba completar, rogaban a cualquiera que se integrara, al final, quedó formado por Luís Nevárez, Gabriel Negrete, Ignacio Escárcega, Daniel Serrano, Darío Pantaleón (argentino por si no se logró notar, lo digo por su baja calidad futbolística), Atanasio, Miguel Ángel Canto, una chica llamada Karla y Lázaro Fernández “El Donatello” o “Tortuga Ninja (quien jugó con toda propiedad, vestido de jeans, gabardina y una bufanda atada a la frente). El equipo contrario ¡Hay les va la VARA! (SIC), vale decir que era integrado en su mayoría por hidalguenses, pero además, también en su mayoría, estuvo integrado por los técnicos del Teatro San Francisco. Este equipo fue conformado por Emmanuel Juárez “Chitiva”, Garab Yiram “Stochkov, Lucio Rosales “Cuahu”, Julio Oviedo “Maestro Galindo” o “El Rostro”, Carlos Cortes, Armando García “Carvajal”, Lucio Rosales, el sonorense Cutberto López y el Lic. Humberto Ángeles. Emocionante partido, acciones manchadas, ataques y contraataques; se notó que los actores-jugadores si no aguantan vara con los críticos, menos con los árbitros. Al final, contundente marcador de 2-0 a favor del cuadro hidalguense ¡Hay les va la VARA!

Es el momento de jugar la final entre ¡Hay les va la VARA! vs. El botón limi, mucho juego, muchos pases que hicieron emocionante esta cáscara; sale el sol sobre las cabezas de todos pero no baja el frío, los goles se festejan encobijados. Finalmente el partido se resuelve en un 5-2 a favor de los técnicos, los goles fueron de Oviedo, Garaf y Carlos Cortes; mientras que Luís Mario Moncada hace los dos goles del equipo contrario, ganando con ello el campeonato de goleo con sus 6 anotaciones. El campeón, digno y fragante a sudor, es ¡Hay les va la VARA! quienes levantan la copa, festejan y se disponen a regresar al teatro a seguir con la chamba.


Dulces compañías


Llanos vamos

Pancho Villa y los niños de la bola: la Historia vuelta cotidianidad.




Hilda Saray Gómez González

Si el siglo XX mexicano se inaugura con la Revolución, el XXI lo hace con un profundo cuestionamiento o por lo menos, con una gran desestabilización de los conceptos que configuraron la noción de lo nacional y su historia. El discurso creado por la Revolución triunfante y sus caudillos, impulsó desde el Estado la narración de la Patria mexicana con su panteón de héroes que la hicieron posible, sus hechos heroicos y ejemplares, sus batallas y sus fechas póstumas. Pancho Villa y los niños de la bola, de Alborde Teatro, nos muestra el revés de la trama de ese discurso. Nos expone a la microhistoria de una región nacional donde los ecos de la Revolución no son sólo retórica, sino experiencia de vida cotidiana y donde la política aterriza para expresarse en emociones y pasiones.

Vemos así, que en su puesta en escena Pancho Villa… acude a los relatos de la tradición oral y la experiencia familiar para reformular el imaginario regional y su pertinencia en tiempos en que los grandes relatos –históricos, estéticos- están en crisis. La obra nos lleva por recorridos emocionales y estéticos que a mi modo de ver pone en cuestión dos grandes mitos mexicanos: la historia nacional y la masculinidad asociada con el machismo.

Por una parte, el mostrar en escena a un Francisco Villa despojado del estereotipo, para exponerse como un hombre que se conmueve y que deja ver sus debilidades emocionales no es cosa menor, pues propone otra manera de acercarse a una figura que se ha llenado de simbolismos para ilustrar discursos políticos. A la reconstrucción de esta figura se suma la búsqueda interior del personaje principal, el que fragmentado en tres momentos de su existencia, nos cuestiona sobre la unicidad del individuo que va siendo a lo largo de la vida en vez de ser el mismo de una vez y para siempre. La infancia, juventud y madurez de Alfredo Chaparro y sus recuerdos, su necesidad de expresarse y la importancia que tiene la figura de lo femenino en su existencia son otros rasgos que nos muestran un modelo alterno al hombre que debe aguantarse porque es muy macho, al que no llora y reprime sus emociones porque sería mal visto. Con estos personajes, la Revolución Mexicana aparece ya no como la gesta de los machos en la disputa del poder, sino como el entramado de vida que aún tiene impulso en el imaginario social y no por sus evidentes efectos políticos, sino por el modo en que los acontecimientos se convierten en hechos históricos y cómo más allá de la historia oficial hay un sustrato humano que siempre está en movimiento.

Alborde teatro, en este sentido, pone en escena una historia que es la representación de la Historia pero desde una voz alterna, desde la voz del subalterno, aquel que los macrodiscursos no consideran, desde la vida de aquellos personajes que no cuentan para el recuento del poder pero que resultan altamente significativos para hallar otros niveles de comprensión de nuestra circunstancia mexicana. Desde el norte, el teatro cuestiona al centro político y retórico del país para mostrarse como un espacio donde se debate lo que se creía inamovible, donde las ideas de género, identidad y nación, más que conceptos cerrados son espacios vacíos que históricamente se llenan y vacían de significado y que en todo caso, no encarnan modelos a seguir o metas a alcanzar, sino procesos de lo que está siendo ahora mismo, como en el teatro.

Fernando de Ita, de la crítica a la creación


“Un verdadero crítico es aquel que desmenuza, que propone, que crea una corriente literaria”

Roberto Perea

No es común reconocer a la crítica como parte del hecho artístico, fue la frase con la que Fernando de Ita, -quien el año próximo cumplirá 30 años como crítico de teatro y periodista cultural- inició su alocución después de recibir la Medalla Xavier Villaurrutia en la inauguración de la XXVII Muestra Nacional de Teatro.

Esta afirmación resulta particularmente relevante cuando proviene de alguien que ha sido parte del fenómeno teatral desde diferentes trincheras. De hecho, inició como dramaturgo antes de ser periodista y su primera obra: La soledad, fue publicada en 1968.

En su opinión en la tradición mexicana la crítica ha sido vista como algo en contra o fuera del quehacer artístico y no como una continuación o reflexión acerca del mismo. “Pero culpar al otro no nos lleva a nada, el problema es precisamente la distancia, cuando deberíamos estar dentro de la formulación artístico-poética para poder reclamar nuestro lugar.

“En otras tradiciones la crítica es parte consustancial de la propia creación, pero en México la crítica de teatro siempre ha sido muy marginal, de ahí que gente como Jorge Ibargüengoitia haya salido corriendo para dedicarse a la literatura”, considera De Ita.

Pocos han sido los críticos de teatro que se han dedicado casi exclusivamente a esta labor, que no son autores, directores o productores, como fue el caso de Antonio Magaña Esquivel, investigador y pensador del teatro. “No tenemos a más de cinco en la historia del teatro mexicano, yo incluiría a Olga Harmony entre esos pocos. Hemos sido marginados porque no es una profesión la crítica de teatro en nuestro medio, se ve como un agregado, por eso me asombré de que reconocieran en lugar de un creador de escena a un crítico”.

Roberto Perea: Siempre ha convivido el crítico con tu faceta de dramaturgo y director de escena. ¿Cómo ha sido esta relación?

Fernando de Ita: “Yo comencé como dramaturgo, a los 18 años escribí mi primera obra. En ese momento estaba de moda el teatro del absurdo y yo no encontré exactamente por dónde quería ir. Empecé entonces a trabajar como asistente de producción en algunas obras y como periodista. Me fui a Nueva York y desde ahí escribí sobre lo que veía, me lo publicaban en el Excélsior de Julio Scherer y me gustó mucho.

“Pero no he dejado de escribir teatro, tengo unas 12 obras y algunos colegas me han dicho que un par de ellas se salvan. Desde mi primera obra, que fue más conocida como La enfermedad del amor, que estrené en Cuernavaca, en su sabiduría el maestro Alejandro Luna me recomendó no dijera que era mía, ‘no te lo van a perdonar después de 25 años de crítico y como autor te van a decir de antemano que eres un fraude’, me dijo. Entonces dije que era de un autor rumano e invité a varios afamados colegas que salieron diciéndome. ¡qué rumana es la obra! Cuando se enteraron que era mía me odiaron profundamente. Por otra parte nunca me he sentido director, más bien soy ilustrador de mis obras, aunque como crítico estoy en contra de la ilustración.

RP: ¿Qué opinas de quienes consideran al crítico como un creador frustrado?

FdI: “Los grandes críticos tienen todo menos frustración. Si pensamos en gente a la altura de George Steiner, es más creador que muchos autodenominados así. Depende de cada crítico, quizá algunos sí lo hayan hecho por frustración de no llegar a ser autores, pero la crítica exige un sentido de reflexión, de creación, de información, de formación intelectual, de sensibilidad, como la creación artística.

“Un verdadero crítico es aquel que desmenuza, que propone, que crea una corriente literaria, que se apoya en valores artísticos. Cuando la crítica se ejerce con esa consciencia no hay ninguna frustración, la frustración viene cuando de verdad no tuviste éxito y ejerces la crítica con mala leche, pero si no es un terreno intelectual bastante arduo.

RP: ¿Qué sucede con las nuevas generaciones de críticos?

FdI: Tenemos muchos problemas. Yo soy parte del consejo editorial de un suplemento cultural y tenemos muchas dificultades para encontrar relevos, no sólo en la crítica teatral que es muy ingrata sino también en la crítica literaria, que tienen una larguísima tradición en México. Tal vez porque la crítica no paga en ningún sentido, ni económico ni cultural, porque siempre estamos como apestados, al margen, es ingrata la postura.

“Hay nuevas generaciones de actores, de dramaturgos, de escenógrafos, hasta de tramoyistas, técnicos y diseñadores, pero no hay más de tres jóvenes críticos. Eso nos muestra que, con sentido común, se opta por áreas más fértiles de la creación”

jueves, 23 de noviembre de 2006

Aquí sí hay teatro, aunque nadie venga a verlo

Marisa Gómez

En este momento, en que veo con cierta claridad que parece que no he participado en esta XXVII MNT, en primer lugar (no puedo negarlo), me duele un poco el ego. Y en segundo, mi resentimiento, (consecuencia inmediata) me hace pensar que el apoyo post-producción que otorgaron a los grupos locales para participar en la Muestra Alterna no era mas que un premio de consolación para mantenernos callados y no hacer olas ante una representación local que estaba acordada de antemano.

Por supuesto me regaño y me digo, Marisa no seas chillona, tú ni de acá eres… ¿Qué esperabas? Y la verdad es que por lo menos esperaba estar en un horario accesible ¡para que alguien viera mi trabajo! Me enoja mi ingenuidad, esa es la verdad.

Merecido y esperado el presupuesto y homenaje a Fernando de Ita. Sin embargo, aún algo dentro de mí rumorea “padrinazgo” en el caso de Olmos de Ita… ¿será por lo “De Ita”? Quizá…

Comunidad pide que permanezca programa de teatros

Redacción

Grupos de teatro de Sinaloa, Jalisco, San Luis Potosí, Culiacán, Chihuahua, Baja California, Coahuila, Mazatlán, Tlaxcala y ciudad de México enviaron a este redacción una propuesta entregada al presidente electo de México Felipe Calderón, que aborda la necesidad de garantizar la existencia, desarrollo y continuidad del programa Teatros para la Comunidad Teatral.

El documento dirigido también a las comisiones de cultura del Congreso de la Unión y la de Transición de poderes, así como a la comunidad cultural del país, comenta del resultado del segundo encuentro realizado en septiembre en Culiacán, Sinaloa.

Señala que a lo largo de mas de una década estas compañías artísticas y sociedades civiles han demostrado capacidad administrativa, promocional y artística de un inédito y correcto uso de recursos y espacios públicos en beneficio de la sociedad y vehiculo de implementación del mandato constitucional de acercar la cultura a la población rescatando una de las más grandes redes teatrales en el mundo.
Y que siendo el IMSS el depositario de la mayor infraestructura teatral del país (38 teatros, 47 foros al aire libre) es responsable del destino y la administración de esta parte del patrimonio cultural de los mexicanos. Incumbe de manera amplia a los profesionales de las artes escénicas, comunidad artística y a la sociedad mexicana en general.

Por lo tanto, proponen la necesidad de garantizar la existencia, desarrollo y continuidad del programa Teatros para la Comunidad Teatral, ya que es la única experiencia nacional donde los espacios para la creación y representación escénica están en manos de los propios artistas, la sociedad civil. Restituir el carácter de comodatarios que en convocatoria pública obtuvimos legalmente. Además de la adecuada asignación presupuestal de este programa.

La voz oval

Metadramaturgia en prime time

Juan Carlos Hidalgo


Entre los miembros de la más joven generación de dramaturgos, a la que pertenecen Edgar Chías, Noé Morales y Luís Enrique Ortiz Monasterio, así como el novel autor hidalguense Enrique Olmos, se extiende el planteamiento de que la dramaturgia puede cumplir un rol similar al de la literatura, que se pueden escribir obras de teatro para ser leídas, por principio y final de cuentas. Lo que da otro sentido a la noción clásica de que lo que se escribe como teatro es concebido para ser llevado a escena.

Tan es así que recurren a la lectura dramatizada como una alternativa accesible para mostrar su trabajo. Esta expresión por momentos se muestra como un montaje a medias, como parte del proceso creativo, y no como un producto terminado. Existe a quien le satisface la experiencia y no faltan aquellos que esperan una puesta más acabada.

Esta polémica no es ajena a la versión final de La voz oval, (estrenada el lunes en el Teatro San Francisco), pues en ella los actores prácticamente no utilizan su histrionismo sino que se abocan a reproducir el texto casi con frialdad, como si de una prolongación de una lectura se tratase. Según esta propuesta, las acotaciones escénicas -la didascalia- es también dicha al público. De esta manera se rompe con las convenciones teatrales tradicionales, se quiebran las concesiones ficcionales y se da paso a un plano de representación dentro de una representación. Se trata de un fenómeno mimético en el que la dramaturgia, el texto en sí mismo, prevalece por sobre la representación

Asalto al agua transparente: sociodrama de ecologistas.

Más que obra teatral,monografía escolar


Asalto al agua transparente

Luis Enrique Gutiérrez O.M.


Una suerte de Pedro Infante ecologista con delirios tecnócratas y la eterna gatita devorada por la gran ciudad narran la historia del agua en el Distrito Federal en algo que, más que una obra teatral, semeja una monografía escolar; y más que en la Muestra Nacional de Teatro, debería estar presentándose en las secundarias públicas de la ciudad de México, para deleite de los abstrusos maestros y aburrición de miles de indefensos escolapios.

El humor involuntario es la norma, y roza con la delicia cuando el melodrama en su momento más álgido se replica con notas del anuario de la Comisión Nacional del Agua. Cosas como:

--Es que la ciudad es una mierda con las gatitas como yo.

--El 37% de los niños de Neza se bañan con meados.

--Tú nada más me la quieres meter.

--El 42% de los habitantes de la ciudad de México no se lava el pito después de coger.

Algo así.

Pensar que las estadísticas secas, aun cuando brutales, puedan decirnos más sobre la realidad que el mismo drama, es no saber nada del drama y muy poco de administración pública de la realidad. No saber que el drama, en esencia, es el opuesto diametral de los promedios, lleva a estos dislates, que intentando ser teatro documento no encuentran el teatro y se pierden en la tábula documental. Tener buenos sentimientos nunca hace buen teatro.

Las actuaciones, monocordes, lloradas, están a la altura del texto, y llegan al ridículo cuando la actriz se balancea torpemente en sus chanclas de tacón, siendo que a rais se veía en su elemento. Definitivamente, no tiene lo necesario para brillar en sociedad.

Noches cómico-dramático-etílicas del Noctambulario